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Cómo se cuenta una apertura

Los tres meses antes de levantar la persiana y las seis semanas después. Un calendario de apertura contado desde el lado de la comunicación.

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Plato de canelones con salsa y hoja de capuchina emplatado con pinzas en Salitre
Los últimos segundos antes de salir a sala.

Una apertura es el único momento en la vida de un restaurante en el que todo el mundo está mirando y nadie sabe todavía qué hay dentro. Se aprovecha o se pierde, y casi siempre se pierde por hacer las cosas en el orden equivocado.

Antes: lo que hay que tener decidido

Mucho antes de la primera foto hay que tener resuelto lo aburrido. Cómo se llama la casa y si ese nombre está libre en las redes y en el dominio. Qué es exactamente el sitio y, sobre todo, qué no es. Cuánto va a costar comer ahí de verdad, no en el mejor de los casos. Quién contesta el teléfono y con qué sistema se reserva.

Suena a gestoría y es la mitad del trabajo. Una apertura con la ficha de Google sin verificar, sin horarios, sin teléfono y con la dirección mal puesta pierde más clientes en la primera semana que los que puede ganar cualquier campaña.

Los días previos

El error más común es hacer ruido antes de tiempo. Si la gente se entera con un mes de antelación, para cuando abras la noticia ya es vieja y el día de la apertura no queda nadie a quien contárselo. Preferimos el camino contrario: poco y tarde, pero con material real hecho en la casa, con la cocina montada y el equipo ya trabajando.

Ese material hay que producirlo con el local en marcha, no vacío. Un comedor sin gente es una foto de inmobiliaria. Un servicio de pruebas con veinte personas dentro, aunque sean amigos, es un restaurante.

Un comedor sin gente es una foto de inmobiliaria.

Los soft openings existen por algo

Los días de rodaje no son un trámite: son el único ensayo que la cocina va a tener. Y son también el momento en el que hay que pedir a todo el mundo que no publique nada. Una crítica de la primera noche, cuando el pase todavía va a tirones, se queda en internet para siempre y no se corrige.

Después: las seis semanas que importan

La apertura no termina el día que abres. Las primeras seis semanas son las que fijan la reputación: es cuando empiezan a caer las reseñas, cuando aparecen los primeros clientes que no conocen a nadie de la casa y cuando se ve si el concepto aguanta un sábado lleno.

Ahí el trabajo cambia de naturaleza. Deja de ser producción y pasa a ser lectura: qué están diciendo, qué plato se está convirtiendo en el plato de la casa aunque no estuviera en el plan, qué queja se repite. Casi siempre hay una sorpresa, y casi siempre está en el ticket medio o en los tiempos de espera.

Y luego está lo que no se puede arreglar desde aquí. Si la cocina no está lista, ninguna apertura bien contada la salva; solo consigue que se llene antes y que se note antes. Por eso la conversación más importante de una apertura suele ser la de retrasarla.

Escrito por La Puta Agencia para crema.. Más de Agencia.

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