No publicamos lo que no hemos comido
La regla más cara de la casa y la única que no negociamos: si no hemos estado en el servicio, no lo contamos.
Es la norma que más explicaciones nos ha costado dar y la única que no hemos movido nunca. Si no hemos comido en la casa, no publicamos sobre la casa. Ni una foto de archivo, ni una carta reenviada por whatsapp, ni un plato que nos han descrito muy bien por teléfono.
Por qué es cara
Porque ralentiza todo. Significa desplazamientos, noches fuera, servicios enteros metidos en un local en el que aún no se ha firmado nada. Significa decir que no a trabajos que se podrían hacer perfectamente desde un ordenador, con las fotos que nos manden y un par de llamadas. Y significa que a veces llegamos tarde a una noticia porque no habíamos pisado el sitio.
La alternativa es peor. La comunicación gastronómica está llena de textos escritos por gente que no ha probado el plato del que habla, y se nota exactamente igual que se nota una crítica escrita desde la carta. Aparecen los adjetivos comodines, las fórmulas de siempre, esa manera de escribir que sirve igual para un arrocero que para una hamburguesería. El lector no sabrá explicar por qué, pero lo huele.
Lo que se ve estando dentro
Casi todo lo que merece contarse de un restaurante no está en la carta. Está en el orden en que sale la comida, en lo que la sala explica y lo que decide callarse, en el pan, en el momento exacto en el que la cocina se descompensa un martes a las tres. Está en quién saluda en la puerta y quién no. Nada de eso llega por correo electrónico.
Casi todo lo que merece contarse de un restaurante no está en la carta.
Estando dentro también se ve lo que no funciona, y esa parte es igual de útil. Un cliente no nos paga para que le digamos que todo está muy bueno; nos paga, entre otras cosas, para que le contemos lo que un comensal notó y no dijo. Eso solo se puede hacer desde una mesa.
La consecuencia incómoda
Que a veces decimos que no. Ha pasado y volverá a pasar: casas a las que no hemos podido ir en el plazo que necesitaban, campañas que se han quedado en el aire porque no cuadraba la agenda. Preferimos eso a firmar un texto que no sostenemos.
Al final la regla es una manera muy larga de decir algo muy corto: que lo que se cuenta se parezca a lo que el cliente se va a encontrar cuando cruce la puerta. Si eso se rompe una vez, ya da igual lo bien escrito que estuviera.
Escrito por La Puta Agencia para crema.. Más de Agencia.
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